Por Enric Casulleras, Profesor de economía de la Universitat de Vic

El pensador de referencia del liberalismo, Adam Smith, y el de la socialdemocracia, John Maynard Keynes, estaban de acuerdo en una cosa: la importancia de las infraestructuras. El escocés escribió que “la falta de infraestructuras es el freno principal al progreso de las industrias y las ciudades”, mientras que el inglés siempre defendió que la inversión en infraestructuras es un elemento central para reactivar una economía con dificultades.

Parece claro, pues, que la prosperidad de Cataluña pasa por mejorar las carreteras y los ferrocarriles, por el corredor mediterráneo, por las conectividades de los aeropuertos y por los accesos al puerto de Barcelona.

Nuestros impuestos los recauda el gobierno de España, así que deberían ser las Instituciones españolas las que invirtieran en estas infraestructuras y velasen para que dieran un buen servicio. ¿Lo hacen? La pregunta es un insulto para los usuarios de Cercanías.

La conclusión es obvia: nuestra prosperidad no es un objetivo de las Instituciones españolas. Así pues, necesitamos Instituciones propias. Queremos que nuestros impuestos sirvan para hacer lo que sea necesario para no ahogarnos económicamente. Como mínimo, queremos contarnos para ver cuántos preferimos Instituciones propias y cuántos se conforman con seguir dependiendo de los ministerios españoles. ¿Y cómo nos contamos? Pues se pone una urna y se cuentan los votos, como en cualquier democracia civilizada.